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«Si nos preguntaran cuál es el beneficio más precioso de la casa, diríamos: la casa alberga el ensueño, la casa protege al soñador, la casa nos permite soñar en paz»

La poética del espacio, G. Bachelard

Trabajo y vivienda, a menudo resultan una pareja malavenida. Un espacio en el que habitar y trabajar se presta, cuando el oficio es el de arquitecto, a una reflexión sobre los procesos detrás de lo creativo y lo cotidiano y, lo que es más importante, las transferencias entre ambos.

El trabajo en casa se desembaraza hoy de la carga peyorativa de otros tiempos. Ciertas profesiones liberales se pueden permitir ahorrar costes instalando la oficina en casa, sin que para ello sea necesario vivir en Gran Vía ¿De qué sirve una oficina en una gran urbe si uno redacta artículos o traducciones que luego envía por correo electrónico? En nuestra práctica profesional estamos comprobando que, haciendo uso de herramientas hoy ya cotidianas, una localización céntrica es cada vez más irrelevante. Los sistemas de reparto, transporte y comunicación hacen viables apuestas profesionales en lugares antes insospechados.

Sumemos a esto la comodidad de dar un salto al escritorio, o a la nevera para un tentempié de media mañana. En definitiva, sobran los motivos para traer el trabajo a casa. Aunque de ser fieles a nuestra historia, en realidad trajimos la casa al trabajo. Pero no todo son ventajas, en el debe está la dificultad de trazar la fina línea que mantiene a raya las inevitables disputas domésticas, o evitar que las confortables transferencias no terminen por convertirse en interferencias cronificadas.

Todas estas cuestiones fueron debatidas en el desarrollo de la propuesta. Finalmente entendimos que el resultado vendría dado por nuestra actitud ante la vida y la profesión ¿Es el oficio del arquitecto-diseñador un sustento o una actitud existencial? En nuestro caso estaba claro. En todo momento quisimos evitar cesuras, aunque la dualidad fuera clara, nos decantamos por espacios ambiguos en las zonas de tangencia, como la entrada/zaguán, el archivo/dormitorio o la sala multifuncional de la planta superior. En planta, las zonas de trabajo, de orientación transversal, se cruzan con las domésticas, claramente longitudinales, por su orientación al corral. Las líneas se cruzan en un contacto intencionado. Más aún, las estancias se pueden adecuar según el devenir personal y profesional. Como un salón que se adapta como espacio expositivo, o un despacho que se torna dormitorio principal.

DesarrolloPara este propósito La Posada resulta ser el continente idóneo. Su esquema rudo, pero generoso y sincero se presta gustoso al baile de estancias. Su diversa espacialidad, desde lo más recóndito de la bodega, hasta la desnuda materialidad del doblado, es materia prima para la exploración creativa y la sorpresa en el hallazgo. Encontrar un uso a todos ellos condujo a una inesperada reflexión sobre el proceso creativo, tanto en sus automatismos como en los estados de ánimo que lo gobiernan. En ejercicio de introspección se desmenuzan los pasos que van desde la comunicación del encargo hasta la exposición de resultados. Un recorrido, en ocasiones tormentoso, que oscila entre el trazo inconsciente –recordemos a Aalto– hasta la precisión entintada del ingeniero. Aquí concretado en cuatro pasos, cada uno de ellos asignados a las tres crujías físicas de la casa y a la imaginaria del corral.

Previo incluso a la experimentación, hay en la creación algo subterráneo, pasional e inconfesable. Sensaciones que anidan bien en entornos abstractos, primitivos y envolventes, como en la oscuridad de la bodega. Por qué no dejar de pensar en ella como un rincón insalubre en busca de redención y reconocerla como lo que es: un puente al subconsciente. Fue Bachelard quien habló del sótano como del «ser oscuro de la casa»: «en el sótano las tinieblas subsisten noche y día. Incluso con su palmatoria en la mano, el hombre ve en el sótano cómo danzan las sombras sobre el negro muro». Sombras danzantes, oquedades cavernosas, imágenes todas que nos retrotraen a los orígenes de la creación.

La experimentación en cambio exige luz, en abundancia, y volumen. En el doblado, la gran sala multifuncional, de una diafanidad tan sólo interrumpida por un viejo horno de barro, es el ámbito que mejor reúne los requisitos. En ella todo se antoja posible: testar materiales, poner a prueba intuiciones, explorar talentos ocultos, reafirmar al equipo, la simple elucubración… En suma, un taller de ideas, en el sentido amplio de la expresión. Es por esto importante que esté en relación de contigüidad con el ámbito de la oficina, que es donde se alcanza la sintetización y maduración del concepto.

Pero sería injusto concluir aquí la descripción del proceso. Entendemos que los resultados más fértiles se alcanzan sólo mediante ciclos de retiro-retorno. Esto es, a toda fase intensiva ha de seguir una de desconexión. La práctica de la descompresión es tan indispensable como saludable. No es del abandono de lo que hablamos, sino de un otium, tan gratificante como útil, cultivar una afición, una ocupación placentera y llevadera que lleve a la mente a inquietudes tan solo en apariencia alejadas. Aquí es la horticultura, que localizamos en esa crujía intuida y casi trazada en el aterrazamiento del corral.

Y con todo esto, presente y tenaz, ruidosa y constante, rutinaria y sorprendente, se entreteje la vida. De nuevo La Posada nos da el pie, como el buen actor que recita las primeras palabras para que el compañero continúe el texto. Un luminoso corral atrae vigoroso las estancias de uso diurno. Se trata aquí de una lectura transversal de la casa, que abre espacios, en una relación de continuidad que salva, con gradas habitables, el desnivel que ha impedido un encuentro largamente anhelado. La ubicación de la cocina, el comedor, baño y dormitorio principal responden a la misma estrategia, de manera que la mayor parte del programa residencial se concentra en la tercera crujía.

Junto con el corral, el otro rasgo definitorio de La Posada es la cota variable de la calle, que deja, hacia el fondo de la parcela, una planta completamente enterrada. Estas dos características definen usos adicionales que se superponen al ciclo circadiano. Si el corral, luminoso, verde, jovial, es estival, la bodega, oscura, constante, a refugio, de imponente chimenea, tiene, en el crepitar de la leña, atributos invernales. Ambos, en su naturaleza propia, son los espacios expansivos naturales del hogar.

maqueta madera de balsa

 

 

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