Deconstrucción de un palanganero

No mucho tiempo atrás una alcoba común estaba incompleta en ausencia de una aljofaina, una jarra o la prosaica palangana. Aún los hogares no habían sido del todo disciplinados por el diktat de la segregación funcional. Bastaba un fragmento de estancia para desperezarse, acicalarse, la ablución matinal o apurar el rasurado. Aunque nos cueste imaginarlo, el caño de agua barata e inagotable no siempre fue el lujo normalizado que es hoy; y no por ello se subsistía en indignidad, ante la necesidad, virtud. Fruto de la inventiva espontánea surgen soluciones que, por sí solas, pueden resultar un tanto extravagantes, aparatosas incluso, y que, sin embargo, se alzan como brillantes exponentes de una manera sencilla, asequible y depurada de resolver el aseo cotidiano.

Así pues, el palanganero —sin eufemismos, aquí el lenguaje es elocuente— constituía una pieza esencial e indefectible del ámbito íntimo del hogar. El ejemplar aquí escrutado se encontraba entre los enseres de un viejo caserón. Como éste, es básico en su forma, humilde en su ejecución y descuidado en el detalle. Entre ambos existe una relación continente-contenido que trasciende la mera contextualidad.lav1Superado el velo de la extrañeza, sorprende la estabilidad de un diseño que se nos antoja decantado a un estudiado reducto de vectores estructurales. De hecho, el mueble tiene algo de nervadura gótica, es ligero, merced a la madera, sin dejar de resultar firme al uso. Pareciera que las añadidos del toallero o el cuerpo vertical del espejo comprometen el equilibrio, pero no es así, la pesada aljofaina de cerámica y la jarra de acero, más si contiene agua, descienden y afianzan el centro de gravedad de la pieza.

El mueble nos habla de un tiempo de transición entre un hábito artesanal que no se retira —patente en la impericia en el alabeo de la madera o en las piezas menores—, y los indicios de una seriación industrial que se abre camino. Una simple búsqueda determina que su morfología responde a un patrón bastante extendido, lo cual no implica una única fuente. El patente mimetismo y una cierta noción de la proporción, parecen sugerir que el modelo se divulgó regionalmente a partir de reproducciones en talleres pequeños y medianos, tomando únicamente como elementos predeterminados jarras, palanganas y pequeños herrajes.

lav2Y, con todo, es un producto exitoso. Sobresale su enorme versatilidad, más si cabe a la luz de la concentración axial del elemento. En relación de verticalidad, se puede almacenar agua limpia en la jarra, que apoyamos en la bandeja inferior, emplear esa agua para el aseo, dejarla discurrir por el orificio de la aljofaina, quizá para emplearla de nuevo, al menos para un par de ciclos hídricos más. En el plano intermedio una repisa nos permite apoyar afeites, frascos o cepillos, ésta está ceñida por una abrazadera que en sus extremos curvados—su punto más frágil— hace la función de toallero. Sigue un espejo basculante montado sobre un arco vertical que le concede un ingenioso grado de adaptabilidad.

Pero vayamos más allá de lo consabido. La unificación vertical de la autoreflexión y el autocuidado en un único proceso entraña un nada desdeñable salto cualitativo en la senda hacia la fijación individualizadora. La mirada en el espejo, recurso egotécnico elemental, unida a la higiene bajo el sello indeleble del primer acto reflejo matutino, expone ante la mira que se despereza el símil imperfecto y antropomorfo de uno mismo, que sólo se termina de reconocer con la cara lavada y los cabellos cepillados. Y, más aún, sólo dos manos caben en la jofaina, y el espejo, ajustable pero escueto, tan sólo permite un rostro entre sus márgenes. Es justo hablar del palanganero no como mero instrumento accesorio, sino como una incipiente prolongación de la alcoba, que en su naturaleza privatizante se nos descubre como homo antecesor del baño anexo.

palangEsta pieza ha sido recuperada recientemente por Katerina Gorshkova, si decidimos colocarla en el zaguán fue en devota obediencia al maestro Aalto, quien a propósito del vestíbulo dijo: «Si quieren que bendiga su casa, ésta ha de tener todavía otra cualidad más: usted debe mostrarse a sí mismo en algún pequeño detalle, en su hogar ha de estar visible, deliberadamente, una debilidad, su propia debilidad.»

 

 

 

 

2 Comentarios

  1. Deconstrucción de un palanganero | GO&GO, ¿Que mas nos puedes explicar?, me resulta insterense esta informacion. Saludos. trabajos en altura

  2. gomegova

    Hola “Trabajos en altura”. Mucho más cosas pueden decirse, sin duda se nos quedarán muchas en el tintero. Una de ellas, quizá no lo suficientemente elaborada, habla de cómo del análisis profundo -la deconstrucción- de un elemento antaño fundamental en la vida doméstica, pueden extraerse valiosas lecciones no sólo para el presente sino también para un futuro incierto.

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