Oficina en La Posada

rara avis. (Loc. lat.; literalmente, ‘ave extraña’). 1. amb. coloq. Persona o cosa conceptuada como singular excepción de una regla cualquiera. U. m. en f. 2. Fig. Relativo al apelativo popular que recibía la familia que habitó La Posada de Galaroza en época pretérita. 3. Arq. Latinismo recurrente, de gran potencial infográfico, que queda relegado a un segundo plano por su dudosa proyección comercial. 4. Pub. Nombre escogido como imagen de marca de locales de ocio y estudios de diseño de ambos hemisferios. 5. Art. Remite al ave posada sobre las gradas de la primera envolvente pétrea del studiolo de San Jerónimo, según representación de Antonello da Messina.

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A comienzos de 2012 GÓmez & GOrshkova abre oficina en las estancias de un solariego caserón en la onubense localidad de Galaroza. En sus primeros meses de existencia el estudio se entrega a la conformación de un corpus teórico que se adecúe tanto al contexto inmediato como al nuevo paradigma profesional. El studiolo, sito en Álvaro de Castilla 1, indaga en la oportunidad de una ruralidad abierta a la era de la conectividad. En paralelo a estas investigaciones toman cuerpo las primeras intervenciones.

La adecuación de las dos estancias de la casa cachonera —así llaman a los de Galaroza— supone el manifiesto fundacional del ideario del equipo, que sustentamos aquí bajo sus tres premisas inalienables: optimización de recursos, densidad esponjada y derecho al entorno natural. Entre sus gruesos muros se afinca GÓmez & GOrshkova, improbable, y sin embargo fructífera, joint venture en la que confluyen el Volga y el Guadalquivir. En el recoleto studiolo, pasado por el catálogo de una firma sueca, las disensiones en el ambiente de trabajo se airean con una brizna de aire de monte.

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La actuación persigue intervenir desde el sentido de continuidad e integridad, sin excesos ni imposiciones. Esta actitud contenida nos resulta útil a la hora de sustraernos de la letra menuda, que en actuaciones puntuales había emborronado sobremanera la imagen de conjunto. Tan sólo con la elección de una cuidada paleta de color atajamos la disparidad externa de la vivienda. La escala de grises, desde el blanco del muro encalado al negro del metal, tiende un manto de íntegra homogeneidad sobre fachadas de huecos dispares. Como resultado la casa contribuye a restablecer una relación armónica con el entorno que el deterioro y la iniciativa fragmentaria habían seriamente trastocado.

La costumbre del urbanita tiende a ver las puertas como lugares planos y de mero tránsito. Sin embargo rápidamente se cae en la cuenta que la puerta aquí, con su umbral, su portada, su postigo de luz, su pesado cerrojo, su postigo de paso… es en verdad un espacio en sí mismo, un lugar habitable. Es por esto que se no se escatimaron esfuerzos en la ardua labor de recuperar los valores esenciales del elemento. En su interior, en blanco neutral y sustraido lo accesorio, se revela, en toda su magnitud, una funcionalidad tan genial como sencilla. Cara al exterior la presentamos desnuda, sin alharacas, tal cual, y concentramos todos los añadidos (manilla, cerradura, llamador, bocacartas y placa publicitaria) en un único marco metálico de 210x420mm.

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Son, asimismo, piezas que viven el tiempo, así al caer la noche el protagonismo se va desplazando paulatinamente al interior, que la luz artificial pasa a revelar. Aparece el zaguán, entre preámbulo del hogar y extensión de la calle, sorprenderá al recién llegado descubrir que los lugareños pasan sin tocar la puerta. En cierto modo es la tarjeta de presentación del hogar, escaparate de lo doméstico, donde se ha de volcar lo mejor de uno mismo. Así lo entendieron siempre los moradores ancestrales, que siempre reservaron lo mejor de sus esfuerzos para embellecer esta sala, aún si con ello descuidaban las demás. La zona noble de esta casa labradora no está en ornamentadas estancias ocultas, sino aquí, toda una elocuente declaración de principios.

Recogiendo el testigo, en esta intervención, que hemos de entender como un jalón más en la historia de La Posada, colocamos la capa que entendimos mejor nos representa, en tanto que sobrevenidos rústicos en la edad de la conectividad. Pocos elementos, la mayoría recuperados, emblemas de parquedad y humildad, sin desdeñar el cariño por el detalle y, muy especialmente, el color. Dar decoro a una antesala de este volumen es, ante todo, aprender a doblegar al horror vacui. Más que «trasvestir de tipismo» con una memorabilia de lo rústico se trata de aprender a descubrir la belleza inherente a lo sencillo. Volver a mirar y pensar las capas de pintura desprendida, la baldosa desgastada o la viga sin escuadrar, como lo que son, huellas de un habitar añejo. Y aportar y superponer en consecuencia, con elementos tranquilos, de clara materialidad, sin importar su origen, ya sean fabricados personalmente —como la lámpara Frigia o la renovada silla Achtteile— o recuperados y adaptados por encargo —como la mesa de reuniones.

2 Comentarios

  1. Felicidades por el trabajo y dedicación a este concepto de ruralidad que conectados a Internet ofrece esa nueva vida rural emergente.

    • gomegova

      Muchas gracias Juanjo, los que estamos en esto sabemos lo que cuesta sacar un proyecto adelante, por eso se agradecen más tus palabras de ánimo. Conectados sí, y no sólo por internet, sino por este paraje natural que nos ha atrapado.

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